EL COACHING Y LA ÉTICA (Primera parte) Biológica: José Merino; Legal: Felipe Ibáñez Mariel; Código ICF: Mirna Pérez Piris

etica

INTRODUCCIÓN

Este reportaje pretende ampliar el concepto de la ética en el coaching más allá de los códigos y de los conceptos de la ‘’ética en la vida diaria como entendido social’’. Nos regala una visión amplia: el reconocido Máster Coach José Merino con ‘’ética biológica’’; el Licenciado Felipe Ibañez Mariel, expresidente del comité de ética de la barra de abogados de México con el tema de la ‘’ética legal’’; y Mirna Pérez Piris, miembro del equipo colegiado encargado de la ética, de la International Coach Federation a nivel mundial, con el tema ‘’ética en el coaching’’.

La ética es un tema indispensable para el coaching: sus enfoques, aristas  y falta de tratamiento consistente, consensado y uniforme en la comunidad de coaching provoca que haya un espacio y un vacío enorme entre la oferta ética de los coaches y sus servicios y la ética requerida para la sociedad a quien sirven.

Cada vez tenemos más ejemplos de aplicaciones oportunistas, lucrativas y fuera de principios éticos de muchas pseudo-escuelas de coaching y de muchos pseudo-coaches profesionales. Este vacío, a nivel mundial, ha dado pie a profundas desilusiones y desencantos de usuarios del coaching y de su imagen pública. Se ha llegado a divisiones y distanciamientos contrastantes entre los conceptos y la práctica de coaching por falta de un consenso, difícil de lograr de la ética profesional del coaching. Las consecuencias de este “vacío de la ética” ha llegado en algunos casos hasta tribunales y controversias legales. El ejercicio de cualquier nueva profesión, como el coaching, requiere necesariamente el estudio, comprensión y dominio de principios éticos y morales que fortalezcan a sus practicantes y quienes se llaman, coaches profesionales, con la seguridad de saber que son éticos y lo honran en su ejercicio.

Este reportaje pretende ampliar las visiones de la ética en el coaching, considerando que un gran número de coaches que no conocen el tema, no lo estudian desde sus profesiones anteriores y no se imparten en una gran cantidad de escuelas de certificación de coaching y es un tema de ‘’entendido social’’ el cual se aprende con el hecho de vivir en sociedad.

Este reportaje no pretende ser la verdad absoluta y única de la ética en el coaching, busca abrir los ojos al tema con una visión más amplia, más allá de cumplir con códigos de ética específicos, cuyos alcances siempre estarán limitados a lo que norman y a las situaciones que prevén esos códigos. El comportamiento ético de cualquier profesión va mucho más allá de situaciones puntuales previsibles y repetitivas. El comportamiento ético es prácticamente todos los días, en todo momento y muchos de ellos imprevisibles; es imposible plasmar en un código de conducta, todo y  cuando es  el profesionalismo ético del coaching.

Así pues, nos regala su aportación, para el coaching biológico, el maestro, Master Coach, Certificador de muchos años y reconocido en la comunidad de Coaching: José Merino Pérez de la certificadora Re-encuadre.

José lleva más de 20 años en el ejercicio profesional como terapeuta, coach y certificador;  reconocido líder que cuenta con el respeto y estima, inclusive de sus clientes y competidores y lo convierte en un ejemplo de ética aplicada en su quehacer como profesional del coaching, reconocido esto por  comunidad en general.

Nos habla de la ética desde le punto de vista que yo cito, biológico, en donde hace un ejercicio de reflexión sobre la aportación de la neurociencia y la filosofía; nos permitirá ver a la ética con una mirada amplia, el cómo se desarrolla en la parte ética biológica del hombre en su convivir en sus sociedades y cómo es indispensable para la continuidad de la vida y su desarrollo, digamos la ética biológica natural.

El abogado Felipe Ibáñez Mariel nos regla una aportación de la ética legal y de su necesidad de normatividad social y jurídica. El Lic. Felipe Ibáñez es expresidente del comité de ética de la barra de abogados de México, organismo ampliamente reconocido en el mundo jurídico. “Barrista” por más de 30 años,  ha sido profesor de ética de la Universidad Panamericana en varios de sus campus, así mismo conferencista sobre ética y deontología en diversas universidades en México y congresista nacional e internacional en este tema. Toda una personalidad y autoridad en la ética y su aspecto jurídico.

 Nos platica desde la diferencia de la ética como ciencia y  que tiene un objeto material formal de estudio que es la conducta humana donde intervienen la inteligencia, la voluntad y la libertad en los llamados actos humanos en donde el acto ético encuentra  todas sus potencialidades por su impacto en los otros. Nos describe que la Ética esencialmente es un acto humano que busca el bien para los otros, y que por supuesto, forman parte del derecho y sus normas jurídica. Nos regala la reflexión  que para ser un hombre y profesional ético hoy, es necesario estudiar, educarse, prepararse en el tema, con una amplitud de  mirada que permita reconocerme ante todos los actos de mi vida e identificarme cuando estoy siendo ético y cuando no, y esto va mucho más allá del conocimiento y cumplimiento de códigos y normas específicos.

Mirna Pérez Piris, a manera personal, nos da sus experiencias y opiniones de la ética en la profesión del coaching en esta última parte del reportaje. Mirna ha sido y es miembro del equipo colegiado encargado de la ética, de la International Coach Federation a nivel mundial y  han trabajado, y trabajan en el código deontológico de ICF, el cual es obligatorio en su observancia para todos sus miembros certificados  que suman alrededor de 28,000 coaches en todo el mundo. Todo un esfuerzo por regular la ética en el Coaching.  Mirna nos explica los comportamientos éticos del coach, así como la complejidad de instrumentarlo y a la vez hacerlo accesible a una necesidad práctica en  su aplicación.

Con esta amplitud el reportaje tendrá dos entregas: en la primera, se incluye esta introducción y la aportación del maestro, máster coach y certificador: José Merino Pérez: En una segunda entrega  las aportaciones del abogado Felipe Ibáñez Mariel con la parte legal, y Mirna Péres Piris con la parte del Código Deontológico de ICF.

Que lo disfruten.

 

Ética. Un ejercicio de reflexión responsable

Aportaciones de las Neurociencias y la Filosofía

Mtro. José Merino Pérez

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Palabras iniciales

La Ética es sin duda es un tema apasionante. La Ética tiene que ver con el ámbito de los valores y de las creencias y en ese sentido siempre será de gran interés. Me parece muy valioso, Luis Fernando, lo que me comentabas acerca de poseer una “ética educada”, que esté basada no solamente en mis pensamientos y convicciones personales porque ello puede resultar un tanto soberbio. Así que me parece que podemos comentar algunas perspectivas sustentadas acerca de este tema

Lo primero que deseo es proponerte una reflexión orientada desde la psicología y en particular desde las neurociencias. Existen múltiples avances en este sentido. No soy experto en ello pero estuve revisando algunas ideas que creo que son valiosas; tengo la impresión que la Ética se ha estudiado en gran medida desde una perspectiva propia de los marcos de la Filosofía y el Derecho, lo cual es importante pero no suficiente, por lo cual considero que debemos rescatar sus bases biológicas. Lo considero un ejercicio similar al que hicieron Humberto Maturana y Francisco Varela en “El árbol del conocimiento”, donde nos proponen entender el conocimiento no a partir de la Psicología sino desde la Biología.

Lo primero interesante es que si observamos nuestra vida cotidiana y al mundo, podemos concluir que la humanidad es razonablemente buena. Es cierto que estamos mucho más informados de los crímenes, la violencia y las guerras, pero en general los seis mil millones de seres humanos que somos convivimos en razonable armonía. Estamos conversando tú y yo, y tenemos la certeza de que nadie nos va a asaltar. Manejamos y respetamos las señales de tránsito. Sabemos convivir y lo hacemos respetando a los demás en la gran mayoría de las veces. No podríamos vivir en sociedad, no podríamos haber avanzado como especie sino ello. Hace unos meses leí el libro ‘’De animales a Dioses’’ de  Yuval Noah Harari, por cierto vale muchísimo la pena. Una de las ideas fundamentales que el autor nos propone es hemos avanzamos muchísimo como especie, y nos convertimos en lo que somos como seres humanos, a partir de poder confiar unos en otros. La confianza, propone el autor, es clave en el desarrollo de la humanidad. La confianza fue y es posible pues en lo general somos buenos y confiables.

Pero regresando a la perspectiva biológica para hablar de Ética, existe  un experimento propuesto por Johnatan Hyden para explorar la posibilidad de lo innato en el tema ético; esto es, investigar si ya como especie hay algo moral o ético en nosotros.

Suena interesante. ¿En qué consiste el experimento?

El experimento es un dilema que se le presenta a dos grupos. La situación presentada a cada grupo es similar pero con un pequeña variante. El primer dilema es el siguiente:

Dos hermanos, jóvenes, veintitantos años, están vacacionando por Europa, saben que pronto van a terminar estos días de descanso que han compartido, y que después de ellas cada uno regresará a sus distintas actividades. Están en una casa y deciden, simplemente como un experimento, del cual los dos están convencidos sin que nadie haga presión, que implica tener relaciones sexuales.  Tomarán las precauciones necesarias a nivel de métodos anticonceptivos y están seguros que esto no va a dañar su relación.

La pregunta a los estudiantes es si es correcto lo que los hermanos se proponen. ¿Está bien que lo hagan o no está bien?

¿Qué contestaron los alumnos?

La mayoría contestó que no era correcto. Entonces el autor les preguntaba por qué y las respuestas tenían como común denominador ideas como “porque puede embarazarse”, a lo que el investigador refutaba, no se embaraza; “pero puede dañar su relación”, no la va a dañar; “pero pueden quedarse enganchados unos con otros”, no van a quedar enganchados… y de todas maneras seguía dando como respuesta un definitivo no.

¿La gran mayoría de alumnos opinaron que era negativo?

En efecto. El dilema presentado por Hyden, tiene que ver con un tema fundamental y arquetípico, el incesto. El tabú del incesto tiene una raíz mucho más biológica que racional. Así que una primera conclusión es que ya existe en nosotros un “componente ético” de manera biológica o innata. No todo es aprendido o cultural.

¿Qué más puedes comentarnos sobre la Ética?

Otra consideración muy importante que tendríamos que asumir al reflexionar sobre nuestros juicios éticos, es la idea, cada vez más aceptada de que nuestras decisiones tienen una connotación profundamente emocional. Durante mucho tiempo no se tuvo en buena estima la incorporación de nuestras emociones al tomar decisiones, pues éstas deberían ser básicamente racionales para ser adecuadas. Sin embargo actualmente las Neurociencias nos han dejado ver que nuestras decisiones tienen un sustento emocional fundamental.  En muchos textos de Neurociencias al abordar este tema, se menciona el caso por demás famoso de Phineas Gage, un obrero que trabaja a mediados del siglo XIX construyendo vías para ferrocarril. Su trabajo consistía en generar explosiones que rompieran grandes rocas que obstruían el paso de la vía del tren. Para ello debía de hacer perforaciones en la roca, para posteriormente llenar el hueco con pólvora y sellarla con arena. A continuación debía de apretar esta mezcla fuertemente con una barra de hierro, y finalmente prenderle fuego a una mecha para hacer explotar la roca. Para su desgracia, un día en que seguramente estaba distraído en medio de una plática con sus compañeros, olvido incorporar la arena que tapaba a la pólvora, sin darse cuenta de su error, introdujo la barra de hierro en el orificio lo que generó presión sobre la pólvora y una chispa por la fricción. La explosión generada hizo volar, como si fuera un proyectil a máxima velocidad a la barrera de hierro que atravesó la cabeza de Phineas. Ciertamente por un milagro, nuestro protagonista sobrevivió al accidente, que ahora sabemos, le destruye la corteza frontal de ambos hemisferios cerebrales. Antes del accidente Phineas era un hombre trabajador, honesto, disciplinado; cuando se recuperó del accidente, sus amigos rápidamente notaron que había ocurrido un profundo cambio en él. Se había vuelto un hombre sin capacidad de decisión, sin voluntad, sin disciplina, pero todo un hombre que no manifiesta emociones; ya no era el mismo de antes. 

El célebre caso de Phineas Gage, es tan sólo la primera evidencia del importante papel que juegan nuestras emociones en nuestro pensamiento y en nuestros juicios. Actualmente están documentados, un sinnúmero de pacientes que por diferentes razones han sufrido un serio daño en el lóbulo frontal. Uno de los primeros y más conocidos fue presentado por el extraordinario neurólogo, Antonio Damasio, en 1982, el caso de Elliot.  Elliot  fue un paciente adulto al cual le fue extirpado un pequeño tumor en la cabeza, cerca del lóbulo frontal derecho. Antes de la operación Elliot era un padre, un marido y un ciudadano ejemplar, pero la intervención quirúrgica lo cambio todo. Aunque el coeficiente intelectual de Elliot seguía siendo el mismo, ahora mostraba un grave problema psicológico, era incapaz de decidir, al grado de arruinarle literalmente su vida. Elliot era particularmente incapaz de tomar decisiones que involucrarán temas personales o sociales. Damasio describía a Elliot como siempre mesurado, como si fuera un observador neutral de todas las cosas que le sucedían, nunca involucrado. No manifestaba ní un ápice de tristeza, impaciencia o frustración. Diferentes experimentos realizados por Damasio confirmaron la nula vida emocional de Elliot.

Ahora bien, en 1982 una de las creencias de la Psicología, postulaba una antigua idea casi universal, las emociones humanas son irracionales, por lo tanto, una persona sin emociones debería de tomar mejores decisiones, sin embargo ocurría justamente lo contrario. Lo anterior llevó a que Damasio concluyera que las emociones son una parte crucial del proceso de tomar decisiones.

aLo que nos dices es que sin emociones, las decisiones se vuelven casi imposibles.

En efecto. Ahora bien, regresando al tema que nos convoca, la Ética, podemos añadir una nueva idea a nuestra reflexión, las emociones influyen poderosamente en nuestros juicios morales. Existe una interesante investigación que ha evidenciado lo anterior: El dilema del tranvía. Mi versión de dicho experimento es la siguiente. A un grupo amplio de alumnos se les presenta el siguiente dilema. Te encuentras en el centro de control de una estación de ferrocarriles. No eres de esa ciudad. Tu familia no es tampoco de esa ciudad, ni está allí. No trabajas en el sistema ferroviario, simplemente estás allí por casualidad. De repente observas en el tablero que una locomotora va a toda velocidad, sin  control. Es inminente que choque, y que como consecuencia de ello, mueran las cinco personas que van a bordo. También sabes vez que si aprietas un botón en los controles del tablero,  la locomotora cambiará de dirección hacia una vía secundaria, donde está trabajando un hombre que será atropellado y morirá, sin embargo la locomotora frenará y las cinco personas a bordo se salvarán. La pregunta que se les realiza es ¿aprietas el botón o no aprietas el botón? La respuesta en más del 80% de los casos es afirmativa. La lógica establece que salvar a cinco es preferible a la muerte de uno.

El experimento continúa, ahora a otro grupo de estudiantes, se le expone básicamente la misma situación, con la variante de que ahora te encuentras en un puente en medio de las vías de una estación de ferrocarril. Observas que viene una locomotora  a toda velocidad con cinco personas a bordo, las cuales morirán al estrellarse contra un muro.  Enfrente de ti se encuentra un hombre grande y robusto, recargado en el barandal del puente, si lo empujas caerá sobre la vía, La locomotora lo atropellará y matará, pero es lo suficientemente grande, en comparación a ti, como para ser capaz de detener a la locomotora y salvarse de esta manera las cinco personas.  La pregunta que ahora se les realiza a los alumnos es ¿empujas al hombre o no lo empujas?

¿Qué contestaron los alumnos?

El 80% afirma, no sin cierta dificultad para explicarlo, pero con una clara sensación de certeza que sería incapaz de empujarlo. Esto es sin duda interesante, puesto que desde una perspectiva puramente lógica, la respuesta debería ser semejante y debería de implicar nuevamente salvar a cinco y no a uno.  Por supuesto que aunque lógicamente las situaciones son semejantes, emocionalmente no lo son. Estamos infinitamente más involucrados en el hecho de empujar a un hombre, que en la acción de apretar un botón. En el primer dilema, la decisión es impersonal porque lo que estás viendo son focos de un tablero de control, sabes que se trata de personas pero no observas personas, por lo cual podemos suponer que nuestro cerebro activa la parte cortical, realiza una reflexión racional y lógica que lo lleva a decidir que es preferible salvar a cinco. En cambio en el segundo dilema, si “existe” una persona, existe una relación personal. Por lo cual ya no es solamente nuestro sistema cortical el que está jugando, es también nuestro sistema límbico, gregario, quien entra en juego y la decisión no es tan fácil.  Por todos es sabido que es mucho más fácil cometer un crimen de “cuello blanco” que irle a robar a una viejita su dinero, aun cuando el dinero que vayas a robar en el delito de “cuello blanco” sea el dinero de un asilo de ancianos, a los cuales sin embargo pero no ves. Por lo tanto, nuestras emociones toman un papel muy importante en nuestras decisiones y tendríamos que entender nuestros juicios éticos como generados en buena parte desde nuestras emociones. 

Nuevamente señalas aquí la relevancia de las emociones y su influencia en las decisiones en que pueda estar en juego un juicio de carácter ético.

Exacto. Consideremos algo más, evolutivamente hablando, nuestro sistema cortical, encargado de nuestros pensamientos tiene muy poco tiempo de desarrollo, algunas decenas de miles de años tan solo, en comparación con  el tiempo en que ha estado presente en múltiples especies el sistema límbico, involucrado en nuestras emociones. Por eso es que podemos concluir que decisiones racionales como lo son, apretar o no el botón, todavía no están completamente afinadas como para tener evaluaciones innatas tan claras como lo empujo o no lo empujo. Creo que las decisiones éticas que se tienen que tomar en nuestra profesión implican elecciones complejas, que no se toman de manera clara ni se resuelven de manera puramente racional, por lo cual el papel de las emociones es central en las decisiones éticas que enfrentamos. 

¿Qué más nos han aportado las Neurociencias a nuestra comprensión del fenómeno ético?

2Algo que siempre nos ha inquietado a los seres humanos, sobre todo en los últimos siglos es si existen códigos éticos universales o no. Si por así decirlo, la ética es trascendente de nosotros como seres humanos, o por lo contrario la ética es una emergencia de la cultura. Frente a ello existen tres posturas generales. La primera de ellas sugiere que los juicios éticos son innatos, digamos que están “puestos” en nuestra especie, muchas religiones proponen que fueron “puestos por Dios”, otros proponen que aparecieron de manera biológica en nuestra especie. Para esta perspectiva por lo tanto, hay normas éticas universales aplicables a todo ser humano. Esta es una propuesta ubicada en el extremo de un continuum, en el otro extremo ubicamos la postura totalmente opuesta, la postura de que “somos una tábula rasa” al nacer por lo cual cualquier consideración ética es aprendida, todo lo ético es cultural.  Por supuesto que existen posturas intermedias, cada vez más las Neurociencias se mueven en esa dirección.

Existe un investigador Marc Hauser que justamente propone esto, ni los juicios éticos se “escriben” sobre una tabula rasa,  ni tampoco los juicios morales son totalmente innatos. Su propuesta propone un punto medio, propone que hay normas éticas generales, normalmente abstractas; sin embargo lo central de su postura es la propuesta de que existe una disposición innata a aprender estas normas éticas, un idea parecida a la de la disposición innata de los seres humanos para aprender un lenguaje, no nacemos hablando pero si nacemos con una predisposición, que resulta fundamental y nos distingue como especies para hablar. Después tanto en el dominio de un lenguaje, como en la consolidación de juicios éticos más concretos, la cultura tiene un papel central. Si nacimos en México hablaremos español, si nacimos en Japón hablaremos japonés. La cultura y el aprendizaje son también cruciales para comprender los comportamientos éticos.

¿De qué otras maneras la cultura puede representar un factor central en el entendimiento de lo Moral?

Pienso que existen al menos dos cosas más que me gustaría señalar. Primero, como humanos somos seres profundamente sociales, para lograrlo es preciso que  aprendamos y desarrollemos la capacidad para inhibir o posponer acciones gratificantes. Te doy un ejemplo a lo que me refiero. Sé que esta noche tendré una cena muy grata en donde habrá platillos especiales, bajo esa consideración es muy posible que al mediodía, a pesar de tener a mi alcance una buena porción de comida normal, decida disminuir la cantidad que regularmente como. Prefiero reservar para la cena el placer de comer.  De la misma manera, es factible que en esa misma cena, decida ya no tomar una copa más de vino, aunque sería muy grato, pues deseo levantarme mañana a realizar un ejercicio que particularmente disfruto. Hay muchos ejemplos que hacen evidente nuestra capacidad para demorar la gratificación. Es más, existen estudios que demuestran que  las personas que tienen mayor capacidad para tolerar la frustración tienen mayores posibilidades de aprender y generar en general respuestas más “maduras” en diferentes contextos sociales. 

¿Recuerdas alguna de estas investigaciones?

A principios de la década de 1970, Walter Mischel reunió a un grupo de niños de cuatro años. Seleccionó a niños a los que les gustaban los malvaviscos, puedes imaginar que no tuvo problemas para reunir el grupo.

El experimento, de manera sencilla consistía en colocar a un niño solo en un cuarto con un malvavisco que podía comerse enseguida o cuando él lo deseará. Sin embargo si esperaba 20 minutos al regreso del investigador, él le entregaría otro malvavisco y entonces podría comerse dos. 

¿Cuál era el resultado?

Algunos niños casi de inmediato se comieron el malvavisco. Otros esperaron un poco más con trucos como taparse los ojos, o dar puntapiés a la mesa. El resultado final, la gran mayoría de los niños, no olvides que tenían solamente cuatro años no pudieron esperar los 20 minutos señalados. Esta es una prueba de autocontrol. Lo interesante es que la investigación de Mitchel encontró una correlación entre el tiempo de espera y la utilización de la razón para controlar sus impulsos. El autocontrol implica que la corteza prefrontal es capaz de hacer uso de su autoridad racional e inhibir los impulsos que puedan entorpecer la consecución del objetivo. Lo más interesante del experimento es que un seguimiento posterior de estos niños demostró 10 años después que los niños con mejor autocontrol, eran también mejores estudiantes.

Mencionaste que había dos factores que deseabas comentarnos, ¿cuál es el segundo?

El otro factor importante está relacionado con la confianza. Algo que distingue a los seres humanos es “el castigo a los tramposos”.  Esto es muy interesante, Yuval Noah Harari lo propone de manera por demás interesante.  Harari se pregunta,  ¿qué es lo que hizo que los primeros sapiens pudieran “avanzar” tanto y tan rápidamente con respecto a otros animales que claramente eran más fuertes y veloces? La respuesta que propone es, el lenguaje. El lenguaje permitió a sapiens desarrollar acciones de chismorreo, que entre otras cosas permitía que un número mayor de participantes de un grupo supiera quién era confiable y quién no, y así poder castigar al tramposo. ¿Por qué esto fue tan importante para nuestra especie? En general no es posible formar un grupo donde sus miembros se conozcan entre sí, de más 20 ó 30 personas, si no contamos con el lenguaje. Hace miles de años, seguramente el grupo máximo de monos o simios a los que deberían de enfrentarse un grupo de sapiens era de máximo 20 ejemplares. Desde luego en fuerza, agilidad y velocidad, sapiens era fácilmente superado. Si el grupo de monos y de sapiens era semejante en número no había posibilidad alguna de que los segundos triunfaran.  Sin embargo el desarrollo de un lenguaje con mayor capacidad de articulación y capaz de introducir narraciones de la imaginación y no solamente descripción evidentes de los hechos, generó un cambio extraordinario, pues fue posible que nuestros ancestros, empezaran a generar lazos de confianza y señalar a aquéllos que no cambian en el grupo,  los tramposos. De esta manera el lenguaje, la confianza y la imaginación permitieron la creación de lazos sólidos entre un grupo cada vez mayor de individuos. Quiero señalar que la imaginación fue muy importante pues al permitir el lenguaje la comunicación de ideas abstractas surgieron conceptos fundamentales como pertenecer a una tribu, ser protegido y descendiente de un tótem, y posteriormente la idea de religión, comunidad, reino, castas, nación, etc., todos ellas de relevancia al favorecer la creación de grupos entrelazados de un gran número de individuos. Lo central es que los miembros de estos grupos están dispuestos a ayudarse unos a otros. Sapiens evolucionó tan vertiginosamente en relación a otras especies, y terminó dominándolas, no por su atributos físicos y corporales, sino porque fueron capaces de unirse en grupos más grandes para dominar así a otras especies.  Si castigar al tramposo fue fundamental hace miles de años en el camino de nuestra evolución, no es difícil rastrear en ello, la importancia que posteriormente tiene en la vida de los humanos la Ética y la Moral.

bLo que nos quieres decir es que ¿podemos pensar que hay una base para lo que podríamos denominar una ética natural?

Lo que creo es que hay una base natural, que fue y sigue siendo fundamental para la sobrevivencia, como lo fue para la evolución.  Tal vez uno de los autores más interesantes para leer a este respecto es Michel S. Gazzaniga,  en un libro que se llama “¿Qué nos hace humanos?” El libro es un recorrido de lo más interesante acerca de las bases científicas de los atributos que nos distinguen como humanos. Entre otras singularidades, como las redes sociales de las cuales ya hemos hablado, o la capacidad de experimentar el dolor del otro gracias a la empatía, Gazanigga nos habla de lo que denomina la “brújula moral”. De manera muy simplificada, espero que esta entrevista sea una invitación para leer a este extraordinario autor, Gazzaniga en donde dice que cada vez las Neurociencias  están más convencidas de la existencia, de manera innata, en nuestro cerebro de lo que  llaman “Cinco módulos éticos”, módulos que nos ayudan evolutivamente a funcionar adecuadamente.

El primer módulo es la reciprocidad. La reciprocidad parece ser una disposición innata que desarrollamos como humanos. Es importante señalar que reciprocidad no equivale forzosamente a equidad, aunque la equidad es una de las virtudes que se desprende de la reciprocidad. Otras virtudes que emergen de este módulo son: la justicia, la fiabilidad y la paciencia. 

La reciprocidad implica ofrecer un cierto tipo de repuesta a un gesto favorable que el otro ha hecho por mí. La correspondencia no tiene que ser equitativa, es suficiente que exista respuesta. Por ejemplo, las instituciones de beneficencia han descubierto que pueden duplicar las donaciones que reciben adjuntando a su petición de dinero un pequeño regalo. Pero existe un experimento social propuesto por Vermon L. Smith, premio Nobel de Economía, que deja en claro la preponderancia de la reciprocidad y sus diferencias con la equidad. Se trata del Juego del Ultimátum. La mecánica es la siguiente. Le dan a Juan mil pesos y él debe de darle de ese dinero a Pedro cierta cantidad. Pedro, que originalmente tiene cero pesos, debe de decidir si acepta ese dinero o no.  Lo interesante es que si Pedro acepta el dinero que le da Juan, entonces Pedro adquiere cierta cantidad de dinero y Juan podrá quedarse con el resto de los mil pesos. Sin embargo, si Pedro considera que no es justo el dinero que Juan le ofrece y lo rechaza, entonces Juan deberá de regresar el total del dinero que se le entregó.  Los dos participantes conocen las reglas del juego. ¿Cuánto dinero normalmente Juan le entrega a Pedro? Repasémoslo, Juan tienes mil pesos,  Pedro no tiene nada, Juan puede darle a Pedro la cantidad que el decida, si Pedro la acepta, recibe ese dinero y Juan mantiene la diferencia, pero si Pedro la rechaza, entonces ninguno se queda con dinero. Si la decisión de Pedro fuera puramente racional, aceptaría cualquier cantidad de dinero que se le entregara, incluso un peso es mejor que no tener nada. Sin embargo ese implicaría que Juan se quedaría con 999 pesos, lo cual no es recíproco. En los experimentos normalmente Pedro rechaza sin problemas cantidad menores a cuatrocientos pesos, lo cual racionalmente es absurdo pero no éticamente. Lo que es más curioso, es que en los juegos del ultimátum, Juan normalmente. Que es la persona que recibe originalmente los mil pesos, no le ofrece a Pedro cantidades menores, pues reporta, se siente mal sino comparte de manera recíproca, por lo cual sus ofrecimientos están en cantidades cercanas a los quinientos pesos. Me faltó decir que en este experimento, las personas que actúan como Juan y Pedro se están viendo e interactúan de manera presencial. En un segundo experimento las reglas son semejantes, pero la diferencia es que Juan y Pedro interactúan a través de una computadora y no se ven, ni conocen, una situación totalmente impersonal. En esta ocasión, la cantidad que ofrece Juan y que acepta Pedro es bastante más baja. Simplemente para terminar, quisiera mencionar que nuestro sentimiento de culpabilidad, tan relacionado con la Ética y la Moral, nace de este módulo de la reciprocidad.

"La reciprocidad es la disposición a tratarnos unos a otros con cierto de correspondencia y a sentirnos mal cuando no lo hacemos, culpabilidad."

“La reciprocidad es la disposición a tratarnos unos a otros con cierto de correspondencia y a sentirnos mal cuando no lo hacemos, culpabilidad.”

¿Cuál es el segundo módulo que?

El segundo módulo está relacionado con el sufrimiento, o la sensibilidad o desagrado ante los signos de dolor físico en los demás.  La consecuencia de este módulo es nuestra tendencia a no causar dolor en los demás y la aversión hacia aquello o aquellos que causan sufrimiento. De este módulo surgen virtudes como la bondad, la compasión y la cólera justiciera, esto es, dañaste a otros te voy a castigar, nuevamente castigar al malo.

¿Y el tercer módulo?

El tercer módulo tiene que ver con la jerarquía. Respetar la jerarquía, no es algo que únicamente aprendemos, sino que lo hemos adquirido en nuestra evolución.  La jerarquía tiene que ver con el respeto a ciertos niveles y órdenes. Este módulo lo comparten también de alguna manera ciertos animales, en donde la manada respeta al macho alfa.  Por este módulo es que tendemos a respetar a los jefes y a la autoridad, de hecho las virtudes que surgen de este módulo son el respeto, la lealtad y la obediencia. También de este módulo surgen emociones interesantes como la vergüenza. La vergüenza es la respuesta emocional a haber cometido algo malo, por la vergüenza tiendo a alejarme del grupo y a experimentar una disminución jerárquica de mi participación dentro. Para evitar la vergüenza, optamos por actuar de manera adecuada respetando la jerarquía y la autoridad establecida. 

El cuarto módulo es de gran importancia. Este módulo tiene que ver con lo que le llama la coalición endo grupo – exo grupo.  Esto implica la tendencia a sentir como iguales y a generar alianzas y coaliciones con los que forman parte de mi grupo; así como la tendencia a ver como distintos y a veces, como malos y peligrosos, a los que están afuera de mi grupo. Por este módulo es que se manifiestan emociones como la compasión por los míos y la aversión hacia los de fuera. También se manifiestan virtudes como la confianza, la cooperación, el auto sacrificio, el heroísmo y el patriotismo. Por supuesto que hay y reconocemos distintivos que nos ayudan a saber quién es de mi grupo y quién no es de mi grupo: el color de la piel, los tonos de voz, y otros criterios de filiación específicos. Desafortunadamente, en un mundo globalizado y con graves carencias en algunos grupos de seres humanos, causadas por la pobreza y las guerras, este módulo no forzosamente nos ayuda a vernos a todos como semejantes

Por terminar estos módulos, nos falta mencionar uno que es muy interesante, además de que es muy humano tan puramente humano que es la pureza.

¿La pureza?

Exacto, es también biológico y se manifiesta en una emoción que normalmente no consideramos que sea una emoción para los seres humanos pero que es básica, esta emoción de la repugnancia. Solamente los humanos experimentamos repugnancia. Es factible que tú hayas visto comer a un perro y en realidad que puede comer cualquier cosa, alimentos que a ti te darían un asco terrible. La repugnancia se volvió central para la supervivencia de sapiens, cuando éste adquiere hábitos carnívoros, resultó fundamental aprender a reconocer y a alejarse de material que estaba en proceso de descomposición. Esta repugnancia, este asco, lo trasladamos del ámbito de la alimentación al ámbito de las personas. Surgen así conductas que se explican desde esta emoción. Por ejemplo, la gente puede más fácilmente ponerse ropa limpia que fue propiedad de otra persona, si esa persona fue buena o le resulta indistinta, a diferencia de si se trata de la ropa de un asesino. Nunca te pondrías la ropa de un violador, a causa de la repugnancia que esto te ocasiona. En ello es claro que nada tiene que ver el juicio racional, pues la rechazamos por una sensación francamente molesta. Nos provocan repugnancia cosas que nos recuerdan cierta connotación animal, por ejemplo los fluidos de nuestro cuerpo o las heces. No deja de ser curioso que no nos causen repugnancia las lágrimas, cualquier otro fluido sí, pero las lágrimas no; la razón es que las lágrimas son exclusivamente humanas, somos los únicos que tenemos las lágrimas, los animales no las producen.

c¿Por lo que significan las lágrimas?

No, la razón es porque esa manifestación de nuestra corporalidad no las compartimos con los animales. ¿Qué significa estornudar o toser? Nada, pero eso si nos causa repugnancia, pues evoca nuestra corporalidad animal.  La repugnancia se traslada también a los actos indignos de las personas. La pureza, es por lo tanto valora, podemos así explicar la importancia que para ciertas religiones y culturas tiene la castidad o la virginidad. La importancia de cuidar la pulcritud de los ritos o el sentido que se le da todavía en nuestra cultura al color blanco en ciertas circunstancias como una boda, tienen sus orígenes en este quinto módulo ético.

Estos cinco módulos éticos que propone Gazzaniga y su manifestación se ven claramente en un fenómeno tan profundo y singularmente humano: la religión.

Reciprocidad. Considera simplemente la gran cantidad de “tratos” que se realizan con la divinidad.  “Si me porto bien entonces Tú me cuidas” Si bailamos en tu honor, harás llover”, “Si matas a un infiel, habrás ganado el cielo”. Creo que queda claro este trueque recíproco, no equitativo.

Sufrimiento. Este módulo ético busca evitar el dolor. Si en algo la religión considera que nos cuida es en el sufrimiento. Si te portas según los preceptos de la religión irás al cielo y evitarás el sufrimiento del infierno. El cielo es en muchas religiones la posibilidad de una felicidad eterna, lejos de un mundo lleno de sufrimiento.

Jerarquía. La gran mayoría de instituciones religiosas están estructuradas jerárquicamente, no solamente la iglesia católica, que es una en las que más se manifiesta tendencia humana. Los ayatolas son altamente reconocidos y obedecidos. Incluso, también es cierto que por nuestra tendencia a valorar la jerarquía, admiramos mucho más a los grandes jerarcas, por ejemplo es sabido que Mahatma Gandhi resultaba muy atractivo para muchas mujeres. El respeto a la jerarquía tiene otro ejemplo en los votos de obediencia que se hace a los superiores en muchas instituciones religiosas.

Coalición “endo grupo – exo grupo”. Nuevamente aquí se presenta la influencia de un módulo ética en nuestras manifestaciones religiosas.  Es un sabio consejo, nuca discutir ni de política, ni de religión, ni de futbol. Ya sean los partidarios del América contra los del Guadalajara, ya sean los cristianos contra los musulmanes, los judíos contra los católicos, los católicos contra los protestantes, los de la Virgen de Guadalupe contra los de la Virgen del Perpetuo Socorro, siempre habrá la sensación de nosotros somos los buenos y ustedes los malos. Pensamientos como éstos, han causado daño, guerras y destrucción. Piensa en las cruzadas o en los múltiples conflictos en medio oriente, o en el extremismo del Ejército Islámico. 

Finalmente la Pureza. Diferenciar entre actos buenos y actos malos es central en la religión, desde luego que es poco probable que exista equidad entre actos buenos y malos. Por lo cual recuperar la pureza, al igual que recuperar la confianza es mucho más difícil que perderla. ¿Cuántas vidas debe de salvar el asesino de una persona para que pueda, otra vez tener un lugar en la sociedad? En términos llanos, si mataste a uno, ¿a cuántos debes de salvar para resarcir tu daño? Si nuestra ética fuera equitativa y lo bueno pesara por igual que lo malo, si no existiera el sentido de la pureza y la repugnancia, entonces la respuesta otorgada debería de ser una vida salvada, por una vida arrebatada. Sin embargo la tasa de acciones buenos que se requieren realizar para saldar la cuenta de uno tan malo como un asesinato, es de 20 a 1. Se requiere hacer algo mucho mayor para quedar “tablas”.  La repugnancia que genera el acto malo tiene un peso mayor pues no olvidemos que todas las emociones negativas causan una respuesta mucho mayor en nosotros. Las recordamos más, respondemos más intensamente y rápido a ellas. La razón es que evolutivamente resultaron mucho más valiosas para la sobrevivencia las emociones negativas que las positivas.

Un último ejemplo, ya expresado anteriormente, la pureza en el caso de la religión se hace patente en el valor de las vírgenes o de la castidad, en donde pura, significaba que no hubiera tenido relaciones sexuales, nuevamente el tema de que nos repugna las acciones que nos recuerdan nuestra condición animal. Las vírgenes eran en muchos casos tributos para los dioses.  

¿Podemos relacionar entonces estos módulos éticos y algunas de sus manifestaciones en la religión?

Exacto, lo cual explica desde el punto de vista biológico el impacto de porque la religión se vuelve un fenómeno tan profundamente humano.

En otro aspecto quiero  comentar que hemos reconocido aportaciones valiosas del campo de las Neurociencias que han incrementado la comprensión del fenómeno ético. De la misma manera me parece que nuestra práctica del Coaching puede enriquecerse también en la medida que incorporemos los descubrimientos de la Neurociencias.  Esto desde luego que pienso que también aplica a la generación de Códigos de Ética en el Coaching. 

¿Cuáles son tus ideas acerca de la Ética en el mundo del Coaching?

Considero que la Ética en el Coaching debe surgir de una reflexión personal del coach acerca de su quehacer en la relación con su coachee. Una reflexión con las bases antes comentadas, que honre una de las tareas que caracteriza a nuestra profesión, el cuestionamiento y la confrontación. Pienso que en la práctica ética de un coach, tendría que haber una práctica de coaching. Me explico, no puedo decir que estoy actuando éticamente sino estoy aplicando los principios y prácticas que realizo cuando hago coaching a mi propio actuar en la relación. No puedo hacer coaching contigo y hacer un ejercicio de la ética que no honre eso que yo práctico profesionalmente.

Las ideas deontológicas, esto es las normas o reglas conductuales de lo que se debe o no realizar en la práctica de Coaching, si son asumidas sin una reflexión, son lo más contrario a los principios que caracterizan al Coaching, dado que en ellas asumimos que los pensamientos, soluciones y creencias del coachee deben de emerger de él, y nunca ser expuestas desde el exterior.  Por ello me parece que actuar de manera obediente pero no reflexiva en relación a las normas deontológicas, es muy pobre, porque no estoy ejerciendo la reflexión que invito a practicar cuando hago coaching.

¿Lo que nos quieres decir es que cumplir las normas deontológicas o morales no es suficiente?

En efecto, pienso que no es suficiente. Tengo la convicción de que en muchos casos, lo que se llaman Códigos Éticos de una profesión, son fundamentalmente Códigos de Conducta. Estos últimos requieren ser cumplidos, sin embargo, no pienso que en ello exista un ejercicio ético. No quiero desacreditar los Códigos de conducta a los que me refiero, pero pienso que en particular en el mundo del Coaching, esto es bastante limitado, pues hemos dejado a un lado la responsabilidad que implica la decisión de nuestro actuar.  Pero no es suficiente porque no estoy suficiente, es como un metacoaching no sé si me

¿Podrías ampliar la distinción entre los Códigos éticos y los Códigos de conducta? ¿Está relacionado con las distinciones entre Ética y Moral?

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En efecto, ésta es una distinción fundamental, la distinción entre la Ética y la Moral. Considero que la Moral está formada por un conjunto de normas que una sociedad ha adoptado como valiosas y que son necesarias para su adecuado funcionamiento.  La Moral tiene que ver las reglas sobre lo que se debe de hacer o no hacer en distintas circunstancias. Estas reglas son propuestas o impuestas desde el exterior de la persona, son por lo tanto propuestas heterónomas. Esto son ajenas, externas a la reflexión de quien la ejecuta. En cambio en la Ética se requiere de una reflexión personal basada en mis valores y creencias para concluir de manera personal lo que es o no correcto.  En ese sentido, las conclusiones éticas son mucho más subjetivas. Si lo pusiéramos en términos de una ecuación matemática, podemos afirmar que a más Moral menos Ética y a menos Moral más Ética.

Reflexionemos un poco más en este sentido, para lo cual quiero proponer el pensamiento por demás valioso de Heinz von Foerster.  Este físico que fue “invitado” al mundo de la Psicología por Paul Watzlawick escribió un artículo interesantísimo, “Ética y Cibernética de segundo orden”, en él propone algunas de las siguientes ideas, que desde luego será mucho mejor leer directamente. Si recuerdas la Cibernética no es otra cosa que el estudio de los sistemas observados, tiene que ver con las primeras ideas acerca de los sistemas.  La Cibernética versa sobre cómo funciona un sistema, cómo se regula, cómo se retroalimenta. Es importante señalar que el rol del observador del sistema, es la de alguien ajeno a él, un observador externo que observa el mecanismo del sistema.

La evolución del estudio de los sistemas devino en una reflexión muy importante pues se aumentó al estudio de los sistemas observados, que es la Cibernética inicial, el estudio de los sistemas observantes.  La Cibernética de Segundo Orden considera que lo observado depende en gran medida del sistema que observa.  En términos muy sencillos, si yo te platico de la película que vi ayer en el cine, mi narración no solamente hablará de la película sino que en ella te daré la oportunidad de conocerme a mí. Con la aparición de la Cibernética de Segundo Orden que nace con las aportaciones de Von Foster, podemos considerar la siguiente relación sistemas observados / sistemas observantes,  Cibernética de Primer Orden / Cibernética de Segundo Orden. Ahora si lo relacionamos con la Ética y la Moral, lo que considero es que cuando se dice lo que hay que hacer, cómo deben de ser las cosas, estamos en el terreno de los sistemas observados, una concepción desde la Cibernética de primer Orden. Desde esta condición es factible indicar cómo deben de comportarse los profesionales del Coaching. Estas indicaciones externas que deben cumplirse nos remiten a la Cibernética de Primer Orden y al mundo de los Códigos Morales. Ahora bien cuando lo que es importante, lo que es el centro de atención de observación, es el sistema observante, en nuestro caso el coach, entonces se realiza una reflexión sobre mí mismo y mi actuar. Ello nos remite a la Ética, a los códigos éticos, donde la reflexión no versa sobre si debo o no debo, la reflexión es si lo haré o no lo haré.

Posteriormente en el artículo, Von Foster cita al filósofo austriaco Ludwing Wittgenstein y su frase: “Está claro que la ética no puede expresarse con palabras”. La Ética no puede expresarse con palabras porque es una reflexión interna. Cuando expresamos en palabras las reflexiones éticas, fácilmente devienen en moralizaciones. Wittgenstein menciona más adelante: “No obstante está claro que la ética nada tiene que ver con el castigo y la recompensa en el sentido usual de los términos. Aun así, debe existir cierto tipo de recompensa y castigo de tipo ético, pero estos residirán en la acción misma.” Nuevamente tenemos aquí una distinción entre Ética y Moral. Cuando la recompensa y el castigo  se definen de manera externa, o no está relacionado con la acción misma, estamos en el mundo de la Moral. Por ejemplo, cuando te estacionas en un lugar prohibido, debes de pagar una multa. La multa es definida por un agente externo y el castigo no está relacionado con la acción realizada por la persona que estacionó su coche. Por lo tanto, la Ética no tiene que ver con el castigo y la recompensa en el sentido usual de los términos, lo cual nos invita a reflexionar a qué se refiere el autor al decir que la recompensa y el castigo de tipo ético residen en la acción misma.

Un ejemplo muy sencillo puede ser el siguiente.  Un niño pequeño, cuya evolución psicológica aún no le permite generar reflexiones éticas profundas y actúa más desde una moralidad muy básica, comerá o no comerá galletas entre comidas, en base a la orden que haya recibido de su mamá. El niño no come galletas por el temor al castigo que puede darle su madre, quedarse sin ver la televisión, por decir algo. Si no come galletas es posible que reciba una recompensa, digamos un beso de su mamá. El castigo y la recompensa nada tienen que ver con la acción misma, no hay relación, la relación está impuesta por la norma de moralidad por el que dijo debe o no debe de hacerse. Es factible que el niño intente, desde su moralidad incipiente, intentar engañar a su mamá y comer galletas sin que ella se dé cuenta. Por lo tanto, si la decisión sobre mis hechos, se queda solamente en lo moral entonces el tema es la recompensa y el castigo y la norma es heterónoma. Ahora bien para dar el paso a la Ética, debemos pensar  en que habrá una recompensa y un castigo pero éstos tienen que ver con la acción misma. En nuestro ejemplo, aunque esto es muy sencillo, tomar más de cuatro cervezas no hacerlo, solamente para evitar que se enoje mi esposa está afuera de la esfera ética, pero hacerlo porque yo sé si a mí me hace bien o me hace mal, es una cuestión muy diferente.  Actualizarme en nuevas habilidades de Coaching, es una acción valiosa no porque tenga que aprobar la certificación de una institución, sino porque hay una recompensa o castigo en el acto mismo de hacerlo.  Bajo esta dimensión emerge un actuar en donde no espero, la aprobación del otro, dado que el observador fundamental de mí mismo soy yo. Esta conclusión le permite a Von Foster afirmar: “Para cada discurso en ciencia, filosofía, epistemología, epistemología terapia, etc. debo dominar el uso de mi lenguaje de tal forma que la ética esté implícita, si no lo está degenera en moralizaciones”.

Ahora entiendo lo que decías de que a mayor Etica, menor Moral.

Exacto. Tenemos ahora otra reflexión dado la frase final de Von Foester. ¿Cómo lograr que la ética quede implícita?, dado que como hemos visto, si la ética no queda implícita, si empiezo a comunicar mis reflexiones y juicios éticos, es probable que estos se conviertan en moralizaciones.   Para evitar este grave riesgo, Von Foester cita nuevamente a Wittgenstein: “No podemos hablar de ética, la ética tiene que estar implícita en mi actuar” Simplificando estas ideas, sabemos que son nuestras acciones las que comunican mis actitudes, no mis palabras. Von Foester  va más allá en esta idea, al reflexionar acerca de qué tipo de decisiones son las decisiones en las que debemos reflexionar desde la ética. Von Foestrer introduce la idea de decisiones indecidibles.

¿En dónde tienes que entrar con tu reflexión?

Exacto, donde tienes que entrar con tu reflexión y adquirir una responsabilidad personal, pues no hay nada escrito al respecto que te obligue a actuar de x o y manera.

Déjame decirte, podría ser que los códigos de conducta son como que guías pero tu capacidad de reflexión ética te dice finalmente qué y cómo hacerlo.

Me parece interesante tu propuesta. La Ética tiene que ver con decisiones indecidibles, ese es su campo de acción. Me parece que no es un asunto ético si debo tener o no  relaciones sexuales con mi coachee, no es un asunto indecidible, pero déjame proponerte una situación más compleja, los asesinatos ocurridos en enero de 2015 en la sede de la Revista Charlie Hebdo en Paris. ¿Tiene derecho un periodista a hacer caricaturas y a burlarse de la figura de un profeta que otros consideran sagrada? Ya no nos ponemos de acuerdo, esa es un asunto indecidible.

¿Es la ética personal?

Exacto, es la dimensión subjetiva de la Ética, aunque deberemos evitar caer en simplificaciones peligrosos y asumir con responsabilidad este ejercicio ético dependiendo la persona.

Yo creo que no es indecidible si un papá debe o no darle alimento a su niño, allí hay un asunto claro y podemos ponernos rápidamente de acuerdo, ahora ¿tienes que darle exactamente igual a todos tus hijos? La cuestión se torna más compleja, se ha vuelto indecidible. Ahora es tu responsabilidad y tu libertad las que se vuelven fundamentales.

Quiero expresarlo de otra manera: Romper un código moral tendrá un castigo en la esfera de lo que comentamos anteriormente, la importancia que le damos como especie a “atrapar al tramposo”.  La comunidad está ofendida pues fueron los códigos que ella propuso los que fueron rotos, ella misma implantará el castigo que considera el otro merece.  Hay claridad, es un asunto decidible.

Me parece, sin embargo que los temas más importantes que enfrentamos radican en la esferal ética pues implica decisiones indecidibles.

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Ahora bien, una decisión indecidible acerca de mi conducta, implica una la obligación personal de actuar, de lo haré o no lo haré, implica tomar una postura y hacerme cargo de ello. Von Foster lo resalta hermosamente, implica una postura que construye el mundo. La postura moral descubre el mundo, el mundo está previamente dado. En la Ética construyo al mundo lo cual implica una responsabilidad inherente.  Es por todo esto que para Von Foester no se puede hablar de Ética pues limitaría tu libertad en torno a la forma que tienes de ver y construir tu mundo. Aunque esto es cierto, debe de existir y es necesaria una comunicación entre nosotros El diálogo es la respuesta, pero no un diálogo de palabras que describen cosas y hechos, lenguaje denotativo, sino un diálogo en donde las palabras sean una invitación, una provocación al otro, lenguaje connotativo.

Es más en el actuar que en el decir.

En efecto. Cuando las palabras solamente denotan, podemos pensar que realmente estamos en un monólogo. Describimos situaciones, hechos, información. Sin embargo también es posible un lenguaje en donde el verdadero sentido y motivación de las palabras se provocar una reacción interpersonal en el otro. Un ejemplo sencillo sería un piropo a una mujer bella. En realidad no estás denotando la belleza de sus ojos verdes, sino que estás intentando provocar una reacción en ella hacia ti. Quiza el ejemplo más hermoso del lenguaje connotativo sea la poesía.

Regresando a tu aseveración de que es preferible actuar que decir, recuerdo la propuesta de Paul Watzlawick en ese sentido: “La libertad no puede identificarse con el bien, con la verdad, con la perfección, cada confusión de identificación de la libertad con el bien y la perfección es una negación de la libertad, el bien que se impone por la fuerza ya no es bien se convierte en mal”.

Si llevamos esta idea a la creación y divulgación de códigos morales, pareciera que no tienen ningún sentido, sin embargo pienso que es ahora cuando podemos rescatar tus comentarios acerca de la importancia de lo que me comentabas en un principio acerca del valor de “una ética educada”. La ética tiene que ser una ética que reflexione más allá de mis reflexiones personales, por aquello que ya alguna vez discutimos y que me gusta citar, en relación a la doble ceguera que nos caracteriza. Como bien lo manifiesta Ronal Laing,  mi doble ceguera, “Si no sé que no sé, entonces creo que sé”.  Si yo nunca me he detenido a leer y reflexionar sobre las propuestas del código deontológico de la ICF, es soberbio pensar que en mi reflexión personal llegaré a conclusiones a las que han llegado a través de los años y el estudio las personas que elaboraron dicho código.  Es soberbio muy pensar que mi reflexión ética solamente generada en mí y desde mí es suficiente. No Una reflexión de esa naturaleza es un sistema cerrado, por lo cual es preciso ir, ver y conocer del otro. Como sabiamente lo expresa Humberto Maturana, el aprendizaje ocurre en convivencia con otro; es una “obligación ética” averiguar y aprender de  la práctica y reflexiones éticas y morales de otras personas y grupos, ser cuestionada y transformado por ellas. Los demás son una fuente privilegiada para mi reflexión personal.

¿Lo que nos compartes es que tu reflexión personal se ve alimentada al compartir con otros y que tienes la necesidad de cuestionar con otros las conclusiones a las que has llegado en tu reflexión personal?

Seguro

¿De manera que son necesarios ambos elementos, aquellos que hemos reflexionado y lo que la experiencia y reflexión de otros han compartido?

Exacto. No podemos dejar todo solamente a Moral, pues entonces no hay involucramiento ni compromiso personal. Tampoco podemos dejarlo todo a una ética personal, como si fuera un sistema cerrado, seguramente seríamos ciegos a muchos errores, muchos de ellos muy importantes. La condición de la doble ceguera, que nos es natural, implica que algunas veces no solamente “no vemos” si no que muchas veces “no vemos, que no vemos”. El error es en estricto sentido una doble ceguera, pues he cometido una equivocación, sin darme cuenta de que he cometido dicha equivocación.  En estricto sentido es una condición que nos hace muy vulnerables.

¿Y en el ejercicio de nuestra práctica como coaches, puede resultar muy frecuente?

Diría yo, sumamente frecuente.

Por ejemplo un coachee que quiere que me vaya a cenar con él y allí tener la sesión con dos copas de vino; o el coach que sugiere abiertamente ciertas conductas- tareas a realizar al coachee, son situaciones que se puede encontrar en el ejercicio del Coaching.

Y será mi compromiso personal, reflexionar para decidir, aunque la reflexión no será suficiente, si no asumo que puedo estar equivocado y que la única manera de profundizar y hacer más responsable mi decisión y generar aprendizajes, es a través de abrirme a los comentarios, cuestionamientos y reflexiones de otros. Mi sola reflexión es doble ciega.

En pocas palabras el coach que quiera ser ético se tiene que abrir su pensamiento a los cuestionamientos de los demás.

Se tiene que abrir a escuchar a otros

¿Y a compartir sus puntos de vista?

Yo diría a compartir desde su actuar y a escuchar lo que el otro le dice.

pepe merino¿De ahí viene la necesidad de convivir con otros coaches?

Fundamental, yo creo que ahí se rescata la necesidad de las asociaciones, la necesidad de la supervisión, la necesidad de la continuidad de la formación y la actualización.

¿Qué sugieres hacer para que un Coach desarrolle su ética?

Ya lo hemos venido diciendo, y no quisiera caer con mis palabras en moralidades, pero retomemos algunas ideas de nuestra charla:

1.- Estudiar, aprender, reflexionar sobre diferentes escuelas de pensamiento o ciencias que aportan al mundo de la Ética, como puede ser la Filosofía, las Neurociencias, el Derecho, creo una reflexión educada sobre estos asuntos es fundamental.

2.- Realizar un ejercicio de reflexión, de “auto coaching” cuando los temas de Moralidad y Ética estén en juego en su práctica profesional.

3.- Para que esta reflexión sea rica, no debe ser un sistema cerrado, tiene que ser un sistema que se abra al otro, para mitigar el efecto de la doble ceguera. Reconocer la necesidad y el valor de conocer la opinión de otros, cómo hacen las cosas otros, desde luego sin tener que adoptarlas ciegamente como verdaderas o por el temos al castigo a la desafiliación del grupo.  Decidir a partir de saber que la recompensa o el castigo de mis se encontrará en la acción misma.

4.- Asumir que mi ética personal, se transmite a partir de mis palabras, cuando estás son una invitación que provoca y mo una orden que describe. Reconocer el compromiso que ello entraña en un vivir congruente entre mis palabras y mis actos.

5.- Me gusta pensar que en estas reflexiones siempre es bueno tener mentores que alumbren por el camino que han recorrido, posibles caminos a recorrer.  Los mentores sugieren principios y valores muy poderosos. Quisera comentar dos de ellos. Que además son muy cercanos al mundo del Coaching. El primero de ellos es Humberto Maturana. Sus aportaciones son trascendentales para nuestra práctica. Quiero recuperar una de sus ideas centrales, con la que concluye el libvro que escribió junto con Francisco Varela, “El árbol del conocimiento” . En él, Maturana propone lo que llama un imperativo ético, al que llega después de una reflexión sabia y clara acerca del conocimiento y la vida. Nos propone al amor, en cuanto aceptación del otro como legítimo otro en convivencia conmigo,  como un imperativo, pues ha sido la aceptación de la legitimidad del otro lo que ha permitido y sigue permitiendo el fenómeno humano. 

6.- El otro gran principio que a mí me gustaría proponer proviene del pensamiento de Heinz Von Foester, quien nos propone: “Intenta actuar siempre de tal manera que se aumenten el número de elecciones posibles”.  Una idea que no solamente incrementa la responsabilidad y la libertad personal, sino también la de las demás personas. Cuando actúo de tal manera que impongo, que obligo, que limito la acción de otro, evito la reflexión propia y de los demás.

Rescatamos finalmente en este sentido, lo que comentabamos antes de esta entrevista sobre el Dr. Fernando Flores,  una de las distinciones del Coaching radica en gran medida en incrementar el número de elecciones posibles y ubicar a la persona en un mayor campo de posibilidades de acción. En ese sentido, nuevamente, un código moral impuesto como una norma y vivido como una norma es una limitación impuesta y auto impuesta, una limitación al conjunto de elecciones posibles. Asumirlo como una invitación a reflexionar es muy distinto reflexión.

Quisera terminar estas palabras con un pensamiento de un importante matemático y filósofo inglés, Bertrand Russell: “En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras.”

Pépe, mil felicidades. Estoy seguro que la comunidad de Coaching va a agradecer esta intervención. Muchas gracias.

Gracias a ti por tu escucha y por esta invitación.

 

 

Continua segunda parte AQUI

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